Archive forDecember, 2005

Mi sala

Mi sala (3D)

Esta es mi sala, en 3D (cortesía de un ejercicio que tengo que entregar antes del día 2 si quiero sacar una A!)… bueno, vale, faltan un par de detallitos (el radiador y un cacho de zócalo… pero poco, que en la pared larga no lo hay)… y bueno, claro, faltan todas las mierdas que tengo desordenadas… digo, ordenadas de forma curiosa! ;oP

Actualización: si alguien vió la foto antes de las 13:00 del 27/12/05, podrá apreciar algunas sutiles diferencias, como que el papel de la pared ya no es tan evidente, ahora está mucho más gonicoooooooo :oD

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CTSS: trendy, trendy, trendy.">CTSS: trendy, trendy, trendy.

¿A estas alturas no habeis visto el corto Coolness? Pues ya tardais (aunque me revienta un poco que el formato sea WMV, y no algo un poco más abierto, pero bueno).

Y ¿a qué viene esto?

Pues que venía yo pa’ casa y he cogido el autobús. Cosa rara en mí, he ido al pica-chip del lado del conductor. Y en estas que he pensado para mi mismo: “¡coñe, qué alta tiene la música el señor conductor!”. Pero bueno, allá cada cual. Y me he ido hacia atrás, a sentarme… pues nada, que resulta que ahora la CTSS se ha vuelto trendy y ponen musiquita para amenizar los viajes! ¡en-de-vé! Uf… pongo la oreja… ¡Roxette! ¡hay que joderse!

Pongo aún más la oreja… ¡las mejores baladas de Roxette en apañó! ¡pero bueno!

Ante lo cual, me surgen dos preguntas:

  • ¿Estará firmado el disco de la CTSS?
  • ¿¿¿Paga la CTSS la correspondiente sangría a la SGAE???

CTSS: trendy, trendy, trendy." class="permalink">Permalink Comments (2)

Capítulo 25

25

Los seguidores habituales de las hazañas de Arthur Dent quizá tengan una impresión de su carácter y costumbres que, aunque refleje la verdad y, por supuesto, nada más que la verdad, se quede un poco corta, en su composición, respecto a toda la verdad en el conjunto de sus aspectos gloriosos.

Y ello se debe a razones evidentes. Hay que corregir, seleccionar, armonizar lo interesante con lo importante y prescindir de todas las descripciones tediosas.

Como ésta, por ejemplo: “Arthur Dent se fue a la cama. Subió los quince peldaños de la escalera, entró en su habitación, se quitó los zapatos y los calcetines y luego toda la ropa, prenda a prenda, depositándola en el suelo, en un pulcro y arrugado montón. Se puso el pijama, el azul a rayas. Se lavó la cara y las manos, los dientes, fue al retrete, comprendió que una vez más lo había hecho todo al revés, volvió a lavarse las manos y se acostó. Layó quince minutos, diez de los cuales los pasó tratando de saber dónde se había quedado la noche anterior, luego apagó la luz y al cabo de un minuto o así se quedó dormido.

Estaba oscuro. Durmió del lado izquierdo durante una hora larga.

Después se removió inquieto un momento y se volvió del lado derecho. Una hora después pestañeó brevemente y se rascó la nariz con suavidad, aunque pasaron sus buenos veinte minutos antes de que se diera la vuelta del lado izquierdo. Y así pasó la noche, durmiendo.

A las cuatro se levantó y fue al lavabo. Abrió la puerta del baño y…” Y así sucesivamente.

Es una estupidez. Así no avanza la acción. Vale para los libros gordos con los que prospera el mercado norteamericano, pero que en realidad no llevan a ninguna parte. Resumiendo, no interesan.

Pero también hay omisiones, aparte del lavado de dientes, y de la búsqueda de calcetines limpios, en los que algunos han demostrado un desmesurado interés.

- ¿Terminó en algo aquel asunto que Arthur y Trillian se traían entre manos?- quieren saber esas personas.

A eso, por supuesto, hay que responder: ocúpense de sus asuntos.

-¿Y qué hacía Arthur -preguntan-, todas aquellas noches en el planeta Krikkit? Sólo porque en ese planeta no había dragones de fuego de Fuolornis ni Dire Straits, no significa que todo el mundo se pasará la noche leyendo.

O para poner un ejemplo más concreto, qué paso la noche de la fiesta del comité en la Tierra Prehistórica, cuando Arthur se encontró sentado en la falda de una colina viendo cómo salía la luna de las suaves llamas de los árboles en compañía de una hermosa joven llamada Mella, que recientemente había escapado de pasarse todas las mañanas mirando un centenar de fotografías casi idénticas de tubos de pasta de dientes caprichosamente iluminados en el departamento artístico de una agencia de publicidad del planeta Golgafrincham. ¿Qué pasó entonces? ¿Y luego? La respuesta es, por supuesto, que el libro se terminó.

Y el siguiente no continuó la historia hasta cinco años después, y eso, según algunos, es llevar la discreción demasiado lejos. ¿Quién es ese Arthur Dent -resuena el grito desde los más alejados rincones de la Galaxia, que hasta se incluye en una misteriosa prueba del profundo espacio cuyo origen se piensa viene de una galaxia foránea a una distancia demasiado horrible de calcular-, un hombre o un ratón? ¿Es que no le interesan más que el té y las cuestiones más amplias de la vida? ¿Es que no tiene espíritu? ¿No tiene pasiones? Con pocas palabras, ¿es que no folla?

Los que deseen saberlo, que sigan leyendo. Los que quieran saltárselo, quizá deban pasar al último capítulo, que es muy bueno y sale Marvin.

Douglas Adams, Hasta luego, y gracias por el pescado

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Cita (y opinión subliminal sobre los jerifaltes de las discográficas)

echó una mirada a la variopinta mezcla de matones, chulos y directivos de casas de discos que deambulaban por los cercos de luz tenue que salpicaban las negras sombras de los rincones más escondidos del bar

Douglas Adams, Hasta luego, y gracias por el pescado

¡Vaya, menuda opinión le merecía al señor Adams la gente de las discográficas! ;oP

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Pregunta implanteable

Hoy a la mañana bajaba yo en el ascensor con un vecinito con intención de ir a currar, cuando el ascensor se ha parado en el primer piso. Ha entrado la señora de la limpieza, y nos ha preguntado:

¿Subis para arriba o para abajo?

… simplemente, he decidido que no eran horas para discutir sobre preguntas implanteables.

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